Prueba de Esfuerzo

Tiempo de lectura: 6 min

¿Qué es la Prueba de Esfuerzo?

La prueba de esfuerzo sirve para monitorizar la señal eléctrica del corazón (electrocardiograma) y la tensión arterial mientras la persona realiza un protocolo de ejercicio de duración entre 6-15 minutos sobre un tapiz rodante (ergometría) o sobre una bicicleta estática (cicloergometría).

¿Cómo se realiza?

Se colocan electrodos en la zona pectoral del paciente para realizar un electrocardiograma (ECG) en reposo y luego se monitoriza la señal eléctrica del corazón durante el ejercicio. También se coloca un manguito de presión, con una primera toma inicial, y se mantiene durante toda la prueba para medir la presión arterial al final de cada etapa de ejercicio.

Tras la preparación inicial, empieza el ejercicio. En el caso del tapiz rodante (ergometría) el protocolo de ejercicio más usado es el de Bruce, que consiste en etapas de tres minutos de duración en que de manera progresiva va aumentando la pendiente y la velocidad de la marcha. La prueba finaliza en el momento en el que se ha alcanzado la frecuencia cardíaca máxima objetivo, el paciente no puede realizar más ejercicio, tiene síntomas, o bien se observan alteraciones en el electrocardiograma o en la tensión arterial.

En el caso de la prueba en bicicleta, el protocolo más utilizado es el OMS en el que de forma similar a la ergometría, cada etapa es de tres minutos y en cada una de ellas la carga de la bicicleta aumenta de forma 25 W.

¿Para qué sirve?

La prueba de esfuerzo es una técnica muy utilizada en el ámbito de la cardiología. Se utiliza para diagnosticar la enfermedad de las arterias coronarias. Cuando un paciente tiene una obstrucción en las arterias, la sangre fluye en condiciones de reposo, pero cuando se realiza ejercicio físico el trabajo del corazón aumenta, así como la demanda de oxígeno de las arterias coronarias, por lo que la obstrucción se manifiesta, principalmente, con dolor torácico (angina de pecho), falta de aire (disnea) o fatiga intensa. En este caso, los síntomas suelen acompañarse de alteraciones en el segmento ST del electrocardiograma. 

Las pruebas de esfuerzo también aportan información sobre la respuesta de la tensión arterial, alteraciones del ritmo cardíaco inducidas por el ejercicio y la capacidad funcional; datos esenciales para el diagnóstico y pronóstico de otras enfermedades cardiacas como la hipertensión arterial, las miocardiopatías o las cardiopatías congénitas.

¿Cómo hay que prepararse?

Antes de la realización de la prueba se tienen que tener en cuenta los aspectos siguientes:

  • Llevar ropa cómoda y zapatillas deportivas o similares. Se aconseja llevar un sujetador sin aros para mayor comodidad. 
  • No ponerse crema hidratante las horas previas para asegurar una buena adhesión de los electrodos.
  • Evitar ingerir alimentos las dos horas previas a la prueba.
  • No realizar ejercicio de alta intensidad las 12 horas previas a la prueba.
  • Continuar o suspender la mediación en función de las indicaciones del profesional que ha solicitado la prueba.

Situaciones especiales

Pacientes con baja capacidad funcional. Algunos pacientes, por la propia enfermedad cardíaca y/u otras enfermedades no cardiológicas, tienen una capacidad de realizar ejercicio físico muy baja, por lo que no toleran los protocolos de ejercicio habituales. En el caso de la ergometría, se aplica un protocolo de Bruce modificado en el que el aumento de pendiente de la cinta es más progresivo y la velocidad no varía de la primera a la tercera etapa.  En el caso de la cicloergometría el protocolo es el mismo, pero se adapta la potencia (Watts) en base a la capacidad de realizar la actividad de cada persona. El personal sanitario responsable de la realización de las pruebas valora cada paciente de forma individual para decidir el protocolo más adecuado en cada caso. Cuando el paciente es incapaz de realizar ejercicio físico en una cinta o bicicleta, se realiza un test de isquemia sin esfuerzo en la que un fármaco simula los cambios que ocurriría con el ejercicio. Es el caso del SPECT miocárdico con fármacos y el ecocardiograma de estrés farmacológico.

Deportistas. La prueba de esfuerzo, junto con el electrocardiograma (ECG) y el ecocardiograma, son pruebas habituales en la valoración de la salud cardiovascular en un deportista. Los datos aportados por la prueba de esfuerzo incluyen información sobre una potencial enfermedad coronaria no diagnóstica, la respuesta de la tensión arterial al ejercicio, las arritmias inducidas por el ejercicio y la capacidad funcional del paciente.

El protocolo más utilizado en el caso de la ergometría en el deportista consiste en mantener una pendiente del 3% y aumentar de forma progresiva la velocidad de la cinta de 6 km/h en mujeres u 8 km/h en hombres a razón de 1km/hora hasta la máxima velocidad tolerada. En disciplinas deportivas de montaña, en que la pendiente suele ser pronunciada, el protocolo de Bruce es una opción también habitual. En el caso de la cicloergometría el protocolo es el utilizado en la población general, o bien se usan protocolos de aumento de potencia progresiva y continua en que cada minuto aumenta de forma progresiva la potencia entre 5-20 W dependiendo del peso y edad del paciente.

¿Qué es la Prueba de Esfuerzo con evaluación del consumo de gases espirados?

En esta prueba de esfuerzo, aparte de monitorizar la señal eléctrica del corazón con un electrocardiograma y la tensión arterial, se evalúan de forma continua los gases espirados durante la realización del ejercicio físico.

En este caso se añade a la colocación de electrodos y el manguito de tensión arterial, una mascarilla adaptada de la que sale un tubo grande y dos tubos pequeños que se conectan a un monitor.

De esta manera, se evalúa la relación que hay entre el aparato respiratorio, cardiovascular y sanguíneo de forma directa, lo que permite, en caso de que se presente falta de aire (disnea), saber si este síntoma deriva de una enfermedad cardíaca, respiratoria, muscular o combinada.

La prueba se puede realizar en cinta o en bicicleta. Los protocolos de ejercicio son de intensidad creciente, aumentando de forma progresiva la velocidad, en el caso de la prueba en cinta, y la potencia (W), en el caso de la prueba en bicicleta.

Los parámetros adicionales que aporta esta prueba son:

  • Consumo de oxígeno máximo V02. Se mide de forma directa la capacidad funcional máxima de la persona. Representa la cantidad de oxígeno que una persona es capaz de extraer, transportar y utilizar del aire espirado en un esfuerzo máximo. A mayor V02 máx., mayor capacidad funcional.
  • Umbrales metabólicos:
    • Umbral aeróbico (VT1). Indica el punto en que la intensidad del ejercicio demanda un aumento de la ventilación. Antes de llegar al umbral aeróbico el paciente obtiene toda su energía del metabolismo aeróbico, es decir, del oxígeno. En el momento que se llega a este umbral, el corazón empieza a recurrir al sistema del ácido láctico que se genera durante el ejercicio y que se elimina de forma  fácil por el aumento de la respiración.
    • Umbral anaeróbico (VT2). Indica la zona de intensidad del ejercicio en la que la demanda de energía por parte del organismo es tan alta que los pulmones son incapaces de eliminar el exceso de dióxido de carbono (C02) y el ácido láctico se dispara.
  • Pendiente de equivalente respiratorio para C02, relación entre ventilación (VE) y C02 (VE/VC02). Evalúa la eficiencia cardiorrespiratoria. Cuanto mayor es el ratio peor es la eficiencia cardiorrespiratoria. Se consideran normales los valores menores a 30.

El V02max y los umbrales respiratorios son parámetros muy útiles para la prescripción de ejercicio de forma precisa en personas con problemas cardiológicos, en personas sanas y también en deportistas porque permite establecer de forma directa las distintas zonas de entrenamiento. En el caso de pacientes con enfermedades respiratorias y/o cardíacas el V02max y el VE/VC02 son además parámetros de gran valor pronóstico.

Información documentada por:

Josefa Marín
María Sanz

Publicado: 3 de abril del 2019
Actualizado: 3 de abril del 2019

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