Tratamiento del Trastorno del Espectro Autista

Tiempo de lectura: 8 min

Cada niño o adulto con autismo es único, por lo que cada plan de intervención se debe adaptar para hacer frente a sus necesidades específicas.

Los objetivos generales del tratamiento son:

  • Minimizar los déficits de interacción y comunicación social y conductas repetitivas (síntomas nucleares) y los síntomas asociados.
  • Mejorar la autonomía y el funcionamiento para facilitar el aprendizaje académico, la adquisición de habilidades de la vida cotidiana y el desarrollo de actividades de ocio placenteras.
  • Disminuir todas las conductas que interfieren con el funcionamiento.

La mayoría de las intervenciones útiles para lograr estos objetivos las llevan a cabo, más que los médicos, los padres y profesionales especializados, psicólogos, terapeutas conductuales y profesores. Es preferible que las intervenciones se centren en el entorno habitual de la persona.

En algunos casos, el tratamiento médico puede ser clave en la intervención, tanto para problemas específicos, como la agresividad o las autolesiones, o para el tratamiento de otros trastornos psiquiátricos o neurológicos asociados.

Al comienzo, la intervención conductual intensiva involucra a toda la familia del niño que trabaja en estrecha colaboración con el equipo de profesionales, que en algunos casos puede adentrarse en el ámbito familiar. En otros casos, se ofrece la terapia en un centro especializado o en el aula preescolar. La capacitación de los padres directamente con los terapeutas o mediante grupos de padres es de importancia fundamental.

Las diferentes intervenciones y apoyos se adaptan al desarrollo del niño a medida que adquiere habilidades sociales y de aprendizaje. Cuando los niños con autismo van a la escuela se benefician del entrenamiento en habilidades sociales específicas y de los enfoques especializados y adaptados en la enseñanza.

La investigación demuestra que cuando el tratamiento incorpora a los padres, se logran mayores mejoras en los hijos.

La capacitación de los padres directamente con los terapeutas o mediante grupos de padres, es de importancia fundamental. La investigación demuestra que cuando el tratamiento incorpora a los padres y les da herramientas para aprender a manejar las conductas disfuncionales de los hijos, así como para trabajar y reforzar el aprendizaje de habilidades adaptativas, se logran mayores mejoras en los hijos. Por ello, se han desarrollado programas específicos dirigidos a padres de niños y adolescentes con autismo (The incredible years program).

Asimismo, es muy importante tratar también las comorbilidades psiquiátricas que pueda presentar la persona con autismo. La presencia de otros trastornos psiquiátricos asociados al autismo es frecuente en un porcentaje importante de niños, adolescentes y adultos con autismo y suelen limitar de forma significativa la calidad de vida de la persona. Algunos programas de intervención psicológica para tratar, por ejemplo, trastornos de ansiedad, se han adaptado específicamente a las características de las personas con autismo con el objetivo de incrementar su eficacia en la mejora de estas comorbilidades (el programa Coping Cat).

Tratamiento farmacológico del Trastorno del Espectro Autista

El tratamiento psicofarmacológico es aquel que se emplea para facilitar cambios conductuales, emocionales o cognitivos. No se dispone de ningún tratamiento específicamente dirigido a mejorar la sintomatología de déficit en la comunicación y la interacción social característica del autismo. Sin embargo, los psicofármacos pueden ser eficaces en determinada sintomatología, muy frecuente en el TEA, y que puede interferir tanto en la socialización, como en el progreso educativo, la seguridad y la calidad de vida de la persona con autismo.

Algunas de las denominadas “dianas” farmacológicas son la irritabilidad, la agresividad, las autolesiones, la sintomatología TDAH (inatención, distraibilidad, impulsividad, hiperactividad), ansiedad, trastornos del estado de ánimo y problemas de sueño.

  • Antipsicóticos atípicos, como la risperidona y el aripiprazol. Para disminuir la irritabilidad, incluyendo la agresividad, las autolesiones y las agitaciones conductuales, tanto en niños como adolescentes con TEA.
  • Metilfenidato, la atomoxetina y la guanfacina. Para tratar la inatención, impulsividad e hiperactividad.
  • Antipsicóticos atípicos (risperidona, aripiprazol), algunos inhibidores de la recaptación de serotonina (fluoxetina, fluvoxamina, sertralina) y los tratamientos anticonvulsivantes (como el valproato sódico). Para el tratamiento de las conductas repetitivas y la rigidez asociada al autismo.
  • Melatonina. Eficaz para quienes tienen dificultades para conciliar el sueño.

Efectos secundarios

Todos los psicofármacos pueden tener efectos secundarios. Una vez que se ha tomado la decisión de ensayar un tratamiento psicofarmacológico es necesario:

  • Identificar claramente los síntomas diana de la medicación.
  • Monitorizar tanto estos síntomas como otros, que pueden deberse a efectos secundarios o colaterales del tratamiento.
  • Aunque es preferible el tratamiento con un solo fármaco, los problemas más complejos pueden requerir una combinación de fármacos, por lo que hay que tener en cuenta las interacciones entre ellos y monitorizarlas.

La indicación médica para mantener un tratamiento farmacológico se realiza de forma individualizada y depende del equilibrio entre su eficacia y los posibles efectos secundarios. En esta decisión ha de participar tanto la familia como la persona afectada de TEA. 

Los efectos secundarios más frecuentes de cada tratamiento son:

  • Antipsicóticos atípicos, como la risperidona y el aripiprazol. Suelen producir aumento del peso y, en algunos casos, aumento de la sedación.
  • Metilfenidato. El efecto secundario más frecuente es la disminución del apetito, la demora en la conciliación del sueño y la aparición o exacerbación de tics motores.
  • Atomoxetina. Produce cefalea y molestias gástricas, que mejoran si se toma durante las comidas, preferiblemente con lácteos.
  • Guanfacina. Provoca somnolencia y sedación, sobre todo, al inicio del tratamiento. En algunos casos, también cefalea.
  • Inhibidores de la recaptación de serotonina (fluoxetina, fluvoxamina, sertralina). Pueden producir molestias gastrointestinales, cefalea y aumento global de la ingesta, con aumento del peso final.
Información documentada por:
Antonia BretonesEnfermera — Servicio de Psiquiatría Infantil y JuvenilRosa Maria CalvoPsiquiatra — Servicio de Psiquiatría Infantil y Juvenil

Publicado: 20 de febrero del 2018
Actualizado: 20 de febrero del 2018

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