Diagnóstico del Linfoma

Tiempo de lectura: 3 min

Cuando se sospecha un linfoma, es imprescindible realizar una biopsia de uno de los ganglios que han aumentado de tamaño. Dado que da lo mismo un ganglio que otro, se suele elegir el más accesible. Por lo que si un paciente tiene inflamados los ganglios del cuello y del abdomen, se elegirá el del cuello porque la cirugía es más sencilla y la recuperación más rápida.

Sin embargo, si solo hay afectación de los ganglios del abdomen o del tórax, no quedará más remedio que emplear técnicas quirúrgicas más complejas, como la mediastinoscopia (procedimiento quirúrgico que se realiza para examinar el mediastino, que es el espacio que se encuentra detrás del esternón en el centro del tórax y separa los dos pulmones) o laparoscopia (exploración o examen de la cavidad abdominal mediante la introducción de un laparoscopio a través de una pequeña incisión).

En algunos casos, la enfermedad no aparece en un ganglio linfático y, entonces, el diagnóstico puede llegar a ser más difícil. A veces, se localiza en el bazo (que también es un órgano linfático), en el aparato digestivo (estómago, intestino, donde también hay tejido linfático), las amígdalas o, incluso, en el interior de los huesos (médula ósea).

Estudio del grado de extensión

Una vez confirmado el diagnóstico del linfoma, se debe conocer su grado de extensión. Para ello se utilizan dos pruebas fundamentalmente:

Aparato de Resonancia, RNM

Tomografía por emisión de positrones (PET-TAC)  o Tomografía Axial Computarizada (TAC).  Son pruebas radiológicas que sirven para investigar la localización y tamaño de todos los ganglios linfáticos del cuerpo, así como el resto de órganos (corazón, pulmones, hígado, riñones, etc.).

Extracción médula osea zona lumbar

Biopsia de médula ósea. Esta prueba se realiza porque es muy frecuente que los linfomas se extiendan hacia el interior de los huesos.

Grado de extensión de la enfermedad

Con el resultado de estas pruebas (PET-TAC o TC, y biopsia de médula ósea), se puede determinar el grado de extensión de la enfermedad. Para ello se utiliza el sistema de Ann Arbor.

Estadio I. Solo hay un ganglio linfático afecto, una única localización de la enfermedad.

Estadio II. Hay más de un ganglio afecto y se sitúan cerca unos de otros (o bien todos por encima del diafragma, o bien todos por debajo del diafragma, que es el músculo que separa el tórax del abdomen).

Estadio III. Hay más de un ganglio afecto por diferentes zonas del cuerpo (a ambos lados del diafragma).

Estadio IV. La enfermedad afecta de manera difusa a regiones que no son ganglios linfáticos ni tampoco el bazo (médula ósea, hígado, pulmones, pleuras, riñones).

Estos estadios, a su vez, se subdividen en A o B según si el paciente tiene o no síntomas relacionados con el linfoma (fiebre, sudores, pérdida de peso,…).

Información documentada por:
Julio DelgadoHematólogo — Servicio de HematologíaJaume GüellEnfermero — Servicio de Hematología

Publicado: 20 de febrero del 2018
Actualizado: 20 de febrero del 2018

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