Después de un ictus, un tercio de las personas tiene una recuperación satisfactoria, otro tercio queda con secuelas graves y el otro tercio de los ictus son fatales. La tercera parte de los fallecimientos ocurre  durante el ingreso hospitalario y el resto, en los meses siguientes.

El principal factor que determina el alcance de las secuelas posteriores a un ictus es su gravedad inicial que está relacionada con el tamaño de la arteria obstruida y del área del cerebro lesionada.

Otro de los factores principales es la edad del paciente, ya que las personas mayores tienen una capacidad limitada de recuperación y con frecuencia tienen otras enfermedades que pueden complicar la evolución después de un ictus. De todas formas, es más importante la edad biológica que la cronológica, es decir, una salud previa buena favorece a la recuperación del ictus con independencia de la edad del paciente.

Las personas que han tenido un ictus pueden padecer algunas complicaciones y secuelas:

Hombre con dificultad al caminar

Pérdida de fuerza, falta de coordinación o pérdida del control de movimiento. Es una discapacidad secundaria que tiende a mejorar, aunque es posible que, a pesar de la rehabilitación, la recuperación no sea completa.

Desmayo

Propensión a caerse. Se aconseja ejercitar y fortalecer la musculatura y entrenar el equilibrio.También es importante identificar y modificar aquellos aspectos del hogar que puedan suponer un mayor riesgo de caídas: retirar alfombras, utilizar sillas en la bañera o en la ducha, usar asideros y utilizar zapatos con suela antideslizante.

Hombre con imposibilidad de ver o con alteraciones

Trastornos visuales. A veces, se produce una pérdida de visión de la mitad del campo visual, denominada hemianopsia. Con un poco de entrenamiento se compensa girando la cabeza para mirar hacia el lado dañado.

Hombre con imposibilidad de hablar o con dificultades

Trastorno en el lenguaje. El logopeda se encargará de valorar y rehabilitar, en los casos en que sea posible, las alteraciones del lenguaje que se producen tras un ictus.

Espasticidad, contracción músculos

Espasticidad. Consiste en una contracción permanente de ciertos músculos. Esto puede ocasionar rigidez, dolor, contracturas y dificultar algunos movimientos.

Mano con falta de sensibilidad

Trastorno de la sensibilidad. Se manifiesta como hormigueo, sensaciones desagradables o falta de sensibilidad al tacto. 

Dolor central, ansiedad

Dolor superficial. Provoca una sensación de quemazón o pinchazo que empeora con el tacto, el agua o los movimientos y que se conoce como dolor central. Algunos antidepresivos y anticonvulsivantes son eficaces para controlar este tipo de dolor. Las personas que han sufrido un ictus también pueden tener dolor de hombro del brazo paralizado. Durante los episodios de dolor puede utilizarse algún analgésico simple, pero si el dolor persiste se debe consultar con el especialista.

disfagia, dificultad al tragar

Disfagia o dificultad para tragar. Para ayudar al paciente con disfagia se puede modificar la dieta, la textura de la misma o, si fuese necesario, utilizar técnicas de alimentación seguras.

Incontinencia urinaria en una mujer

Incontinencia urinaria. Suele ser una afectación transitoria, aunque puede perdurar en pacientes con secuelas importantes. Si en el momento del alta aún persisten los problemas, es importante consultar con los profesionales sanitarios acerca del tratamiento y manejo de la incontinencia.

Cara sonriente, cara triste

Alteraciones del estado de ánimo durante la convalecencia, la rehabilitación e incluso una vez superado. Depresión, apatía, irritabilidad o labilidad emocional (pasar del llanto a la risa sin motivo, llorar o reírse sin causa aparente) son secuelas del ictus. En cualquier caso, si se piensa que la persona presenta alguna alteración del estado de ánimo se debe consultar con los profesionales sanitarios.

Deterioro cognitivo, hombre con interrogante

Deterioro cognitivo (disminución de la memoria, atención, orientación, dificultad en la planificación y organización en las tareas). Aunque este deterioro puede mejorar con el tiempo, en los casos en los que afecte a la recuperación, es probable que se necesite consultar con un especialista.

En muchas ocasiones es posible que no se logre una recuperación completa del paciente, sobre todo en ictus graves. El objetivo de la rehabilitación es ayudar al paciente a adaptarse a su nueva situación para recuperar la autoestima y mejorar su autonomía.

La rehabilitación suele empezar ya en fases precoces durante el ingreso hospitalario una vez se ha descartado la necesidad de permanecer en reposo. En las lesiones moderadas o graves, la mayor parte de la recuperación se experimenta en los tres primeros meses tras el ictus. La recuperación prosigue de manera más lenta hasta al menos los seis meses, y algunos pacientes continúan con una recuperación leve hasta el año.

No todos los pacientes se recuperan del todo. El tiempo y tipo de rehabilitación (fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia u otros)  que requiere un paciente varía en función de la edad y de los objetivos.

Prevenir un ictus está en la mano del paciente: el 80% depende de su estilo de vida y un 20% de los fármacos que se prescriban.

manzana

Alimentación saludable. Es importante seguir una alimentación variada, rica en verdura y fruta, baja en grasas saturadas y colesterol y con abundante fibra. Se debe limitar el consumo de sal para controlar la presión arterial. Se ha demostrado que la dieta mediterránea, y sobre todo, el consumo de aceite de oliva virgen y frutos secos con las comidas, reduce de forma eficaz el riesgo de ictus.

realizar ejercicio físico de forma regular

Evitar la obesidad y realizar ejercicio físico. En la medida de lo posible se recomienda realizar 30 minutos de  ejercicio de intensidad moderada, cinco días a la semana. Son buenas opciones caminar a ritmo ligero, correr o ir en bicicleta.

no fumar

Es imprescindible dejar de fumar.

Drogas tachadas

Tóxicos y drogas. El consumo de drogas ilegales, como la cocaína o las anfetaminas, entre otras, puede provocar ictus, por lo que se deben evitar. En el caso del alcohol, un consumo ligero, sobre todo de vino, puede disminuir el riesgo de ictus. Esto se debe a que aumenta el colesterol HDL, la fracción del colesterol que tiene una función de prevención del riesgo cardiovascular (también conocido como colesterol bueno). En cualquier caso, no se recomienda que las personas que no lo hacían empiecen a consumir alcohol y, en los que sí lo consumían, es recomendable limitarlo a no más de dos vasos de vino al día los hombres, o un vaso, las mujeres. Un consumo de alcohol más alto aumenta el riesgo de ictus y de otras enfermedades.

Fármaco antiagregante azul y verde

Fármacos. El tratamiento preventivo con fármacos no siempre es el mismo y se debe ajustar a la causa de la enfermedad responsable del ictus. Existen dos grandes grupos de fármacos para reducir la tendencia a la trombosis:

  • Antiagregantes plaquetarios. Son fármacos que inhiben la función de las plaquetas, que son células de la sangre implicadas en la formación de los trombos y las placas en las paredes de las arterias. El antiagregante plaquetario más utilizado es el ácido acetilsalicílico o Aspirina®.
  • Anticoagulantes. Los anticoagulantes son otro grupo de fármacos que inhiben a unas sustancias llamadas factores de la coagulación. El anticoagulante más utilizado en España es el Sintrom®, que requiere unos controles periódicos para determinar el control de la coagulación y la dosis adecuada para cada paciente. En los últimos años se han comercializado tres fármacos anticoagulantes que tienen la misma función que Sintrom® y se administran en dosis fijas sin controles del efecto anticoagulante.
  • Fármacos para controlar la hipertensión, la diabetes y el colesterol. A veces, es necesario tomar fármacos para que la presión arterial esté en valores normales (al menos por debajo de 14/9), así como los niveles de azúcar en sangre (glucemia) y de colesterol.
Información documentada por:
Ángel ChamorroNeurólogo — Servicio de NeurologíaArturo RenúNeurólogo — Servicio de NeurologíaAntonia FernándezEnfermera — Servicio de NeurologíaXabier UrraNeurólogo — Servicio de Neurología

Publicado: 20 de febrero del 2018
Actualizado: 8 de agosto del 2018

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