Hepatitis Vírica

Pronóstico de la Hepatitis Vírica

Tiempo de lectura: 6 min
Virus de la hepatitis A

Los virus de la hepatitis A y de la hepatitis E producen una hepatitis aguda, por lo que no existe tratamiento eficaz para ellos, únicamente tratamiento sintomático. En pocos casos de hepatitis A (0,5%) se puede producir una hepatitis grave y un fallo hepático, pero habitualmente, a pesar de lo síntomas, tiene una buena evolución y la infección se cura sin secuelas. La hepatitis A nunca se cronifica. En caso de la hepatitis E, al igual que la hepatitis A, es raro que se produzca una hepatitis grave (1%), excepto en embarazadas en el que el riesgo de hepatitis grave y fallo hepático puede llegar a ser del 20% de los casos. En personas sanas la hepatitis E tampoco se cronifica, pero en el caso de personas inmunodeprimidas, como pueden ser pacientes trasplantados, el virus puede producir una infección crónica.

Virus de la hepatitis B

En la hepatitis B la edad de adquisición de la infección es un factor que predice la evolución a la cronicidad: 90% después del nacimiento, 30% si se adquiere entre los 1 y 5 años de edad e inferior al 15% en adultos sanos.

Virus de la hepatitis C

En la hepatitis C la infección aguda suele ser asintomática y muy raramente se asocia a hepatitis grave. Un 15-45% de las personas infectadas eliminan el virus de forma espontánea en los seis primeros meses tras la infección. El resto de personas infectadas desarrollan infección crónica y de estas, el 15-30% están en riesgo de cirrosis hepática. Estos pacientes con cirrosis presentan una incidencia acumulada de hepatocarcinoma a los 5 años del 5%.

Complicaciones agudas de la Hepatitis Vírica

La hepatitis aguda tiene un amplio espectro de afectación. Se pueden resolver del todo y ser asintomáticas pasando desapercibidas para el paciente, pero también en algunos casos se pueden tener complicaciones, lo que entonces se conoce como hepatitis grave. En estos casos el paciente presenta fallo hepático. Debido a la inflamación que se produce, el hígado deja de funcionar de forma correcta y se producen alteraciones en la coagulación, lo que puede desarrollar una encefalopatía hepática (somnolencia, estupor, desorientación) y llegar hasta el coma hepático. En estos casos se denomina hepatitis fulminante y el trasplante de hígado es el único tratamiento posible hasta el momento.

Complicaciones crónicas de la Hepatitis Vírica

En algunos casos la infección se prolonga en el tiempo y produce una hepatitis crónica, que es cuando se inflama el hígado durante un periodo superior a los seis meses. La afección crónica puede evolucionar hacia una fibrosis (cuando las células del hígado se inflaman se produce un tejido más fibroso parecido a una cicatriz) y finalmente se puede desarrollar una cirrosis (cuando el hígado está tan dañado y lleno de cicatrices que se produce la pérdida progresiva de la función del hígado), o un cáncer de hígado.

Inflamación de las células del hígado fibrosis

Fibrosis. Cuando las células del hígado se inflaman de forma crónica (por ejemplo por la infección de un virus o por el alcohol) se produce un tejido más fibroso parecido a una cicatriz. A medida que las células del hígado son sustituidas por este tejido, se vuelve más rígido y disminuye la capacidad normal de funcionamiento. De la extensión de esta fibrosis depende el pronóstico y la gravedad de la enfermedad hepática.

Hígado dañado, cirrosis

Cirrosis. Es la fase más avanzada de la enfermedad hepática, cuando el hígado está muy dañado, y se caracteriza por una disminución de su elasticidad. El tejido sano del hígado se va reemplazando por tejido cicatrizado, lo que bloquea de manera parcial la circulación de sangre a través de este órgano. La cicatrización también deteriora otras funciones como por ejemplo eliminar bacterias y toxinas de la sangre, producir bilis o procesar nutrientes, hormonas y medicamentos.

presión arterial alta, hipertensión, arteria

Hipertensión portal. Es un aumento de la presión en la vena porta (la vena que lleva la sangre desde los órganos del sistema digestivo al hígado). El aumento de la presión lo causa un bloqueo del flujo sanguíneo a través del hígado debido a que está más rígido por las cicatrices que han producido la cirrosis. Un aumento de la presión en la vena porta provoca que se desarrolle un agrandamiento de las venas (varices) a través del esófago. Las varices se vuelven frágiles y pueden sangrar con mayor facilidad.

Hígado dañado leve con funciones, cirrosis compensada

Cirrosis compensada. Aunque el hígado esté dañado, todavía puede desempeñar las funciones más importantes si el paciente no ha sufrido complicaciones asociadas a la cirrosis. Es fundamental un seguimiento periódico del paciente para detectar si la enfermedad progresa o se desarrollan complicaciones de la cirrosis.

Hígado dañado y sin funciones, cirrosis descompensada

Cirrosis descompensada.  En esta fase, el hígado no puede realizar sus funciones más importantes y el paciente ya presenta síntomas y complicaciones asociadas a la cirrosis y a la hipertensión portal como son:

  • Ascitis. Retención y acumulación de líquido en el abdomen que producen un aumento del perímetro abdominal. Se hace evidente cuando se necesita, por ejemplo, mayor número de agujeros en el cinturón o cuando se aumenta marcadamente de peso. También se pueden producir retención de líquidos en las zonas declives del cuerpo como las piernas donde se desarrollan edemas cutáneos.
  • Encefalopatía hepática. Complicación grave de la cirrosis debida a la mala función del hígado por lo que no elimina las sustancias tóxicas de la sangre llegando al cerebro. Si un paciente desarrolla encefalopatía estará adormilado u obnubilado, puede estar desorientado (no sabiendo dónde se encuentra, qué día es hoy o no reconocer a sus familiares) y tener alteraciones en el habla, la escritura y la marcha por alteración en la coordinación de los movimientos. La encefalopatía puede avanzar hasta la disminución del nivel de conciencia y el coma.
  • Hemorragia digestiva alta. Es una complicación muy grave que se produce cuando una vena dilatada (variz) del esófago o del estómago se rompe y sangra. En los casos más llamativos el paciente puede vomitar sangre, por lo que tiene que ser trasladado de forma inmediata al hospital. En otros casos el paciente presenta deposiciones negras, pegajosas y malolientes (parecidas al alquitrán) que indica que tiene un sangrado digestivo.
Corazón con ritmo cardíaco, presión arterial alta

Otras complicaciones. En esta fase la enfermedad afecta a múltiples zonas del organismo con manifestaciones muy variadas, se pueden ver complicaciones renales, cardíacas o pulmonares asociadas a la cirrosis. Algún ejemplo de afectación debido a la mala función del hígado puede ser la alteración de la coagulación sanguínea y el descenso de las plaquetas de la sangre por lo que el paciente tiene una mayor fragilidad de la piel y mayor riesgo de hematomas (moratones) y lesiones de la piel. Se produce también una pérdida de masa muscular e impresión de delgadez. Otro ejemplo pueden ser los problemas reproductivos con esterilidad en la mujer y el hombre e impotencia y disminución del deseo sexual. Por último, la alteración en la función inmune del cuerpo (bajas defensas) sumada a que el hígado no filtra bien la sangre que viene del intestino, hace que el paciente con cirrosis descompensada tenga un riesgo muy elevado de infecciones como son la infección de orina, la neumonía o la infección de la ascitis llamada peritonitis bacteriana espontánea.

Cáncer de hígado

Cáncer de hígado. El cáncer de hígado o hepatocarcinoma es el tumor hepático más frecuente. Es muy importante el diagnóstico temprano del tumor puesto que los más pequeños pueden acceder a tratamientos curativos. Por este motivo se realizan ecografías del hígado cada 6 meses a todos los pacientes con cirrosis.

Información documentada por:

Concepció Bartres
Sergio Rodríguez
Xavier Forns
Zoe Mariño

Publicado: 20 de septiembre del 2018
Actualizado: 20 de septiembre del 2018

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