Tratamiento de la Artrosis

Tiempo de lectura: 7 min

El principal objetivo del tratamiento de la artrosis es mejorar el dolor y la incapacidad funcional sin provocar efectos secundarios.  El primer paso es evitar todo lo que contribuye a lesionar las articulaciones como el sobrepeso, los movimientos repetitivos o el calzado. En segundo lugar es importante practicar algún ejercicio moderado para mejorar la funcionalidad de las articulaciones. Y por último, seguir el tratamiento farmacológico pautado para cada caso. Pese a que no existe ninguna terapia que impida la progresión de la artrosis, sí existen fármacos que alivian el dolor y la inflamación, y algunos que retrasan o enlentecen la degeneración de los cartílagos.

La medida más eficaz en la artrosis es la prevención, es decir, intentar corregir aquellos factores de riesgo modificables que pueden acelerar su proceso.

Báscula con un peso correcto

Evitar el sobrepeso. En el caso de padecer artrosis en articulaciones de carga (rodilla, cadera, región lumbar...). En ocasiones, la pérdida de peso, por poco que sea, es suficiente para mejorar de manera evidente el dolor asociado a la artrosis.

no subir escaleras

No realizar movimientos repetitivos ni usar de manera excesiva las articulaciones comprometidas. Un ejemplo podría ser evitar las escaleras siempre que se pueda en los pacientes con artrosis de rodilla.

higiene postural, señora sentada silla correctamente

Correcta higiene postural. Por ejemplo adecuar la silla en el lugar de trabajo para preservar la anatomía de la región lumbar o evitar estar mucho tiempo de pie si hay artrosis en los miembros inferiores.

mujer nadando

Ejercicio físico. Este debe individualizarse para cada paciente y se debe realizar de manera regular. La natación es, por ejemplo, un buen deporte para pacientes con artrosis lumbar, de cadera o de rodilla. Una buena terapia física puede reducir el dolor y mejorar la rigidez articular.

No existen medicamentos que curen la artrosis, pero se dispone de diversos fármacos que son útiles para controlar el dolor y mejorar la funcionalidad de los pacientes con artrosis:

Medicamentos

Analgésicos. Son los medicamentos más utilizados para reducir el dolor y mejorar la rigidez de la articulación. El analgésico más común es el paracetamol. 

Pastillas azules, blancas y verdes

Antiinflamatorios. Muchos de estos pacientes tienen dolor, a pesar del uso de analgésicos, y pueden ser tratados con los llamados antinflamatorios no esteroideos (AINE), como el diclofenaco, el naproxeno, el ibuprofeno, el aceclofenaco, etc., especialmente cuando el dolor es más agudo. En los casos que no responden a analgésicos comunes o a antiinflamatorios no esteroideos, pueden utilizarse analgésicos más potentes como los opiáceos (por ejemplo, tramadol).

Pastillas con rayas verdes y blancas

Condroprotectores. En los últimos años se han comercializado unos fármacos llamados condroprotectores, que son sustancias constituyentes del cartílago articular y que pueden disminuir el dolor de la artrosis. Sin embargo, su eficacia no está aún ampliamente aceptada. Dentro de este grupo estarían la glucosamina y el condroitin sulfato. Otros fármacos como la diacereína tienen una eficacia similar.

Inyección

Terapia interarticular o infiltraciones. Muchos pacientes pueden beneficiarse de la administración dentro de la articulación de sustancias antiinflamatorias. Es la terapia interarticular o infiltraciones. En la mayoría de ocasiones se infiltran glucocorticoides, derivados de la cortisona, y más recientemente se está utilizando también el ácido hialurónico. Las infiltraciones se pueden realizar en el caso en el que el dolor no ceda con las medidas anteriores. Son especialmente útiles en aquellas articulaciones donde los signos inflamatorios, especialmente el derrame articular, son más evidentes. Siempre se deben tener en cuenta como medida puntual, y no realizarlas de manera repetitiva, ya que en ocasiones el empleo de corticoides puede ser contraproducente en dosis excesivas. Su uso ideal es en articulaciones donde aún es posible revertir determinados procesos. En cambio, en artrosis muy avanzadas, donde la cirugía es ya la única opción, su eficacia disminuye de manera notable.

Habitualmente el empleo racional de los analgésicos e inflamatorios no esteroideos (AINE) no suele conllevar complicaciones a largo plazo para los pacientes, mejorando su calidad de vida. Los analgésicos como el paracetamol, usados en las dosis habituales, no tienen apenas efectos secundarios. Los opiáceos débiles tampoco suelen producir efectos secundarios importantes, si se utilizan bajo control médico. Su principal problema es la tolerancia, existiendo un pequeño porcentaje de pacientes que refieren pequeños síntomas gastrointestinales, como náuseas o estreñimiento asociados a su consumo. Su uso racional y en dosis crecientes minimizan estos efectos.

De los fármacos utilizados en artrosis, los AINE son los que pueden tener más efectos secundarios a largo plazo. Sin embargo, su uso racional, especialmente en las fases agudas donde el dolor es más intenso, disminuye notablemente su impacto. Gastritis, úlceras o hemorragias intestinales pueden aparecer, principalmente, en pacientes de riesgo como ancianos o aquellos tratados de manera simultánea con corticoides o anticoagulantes. Por ello deben realizar una protección gástrica con fármacos las personas mayores de 60 años, las que ya han padecido una úlcera previa, las que toman dosis muy elevadas, las que presentan enfermedades crónicas graves y las que toman simultáneamente anticoagulantes y/o corticoides y/o antiagregantes plaquetarios.

Además, los AINE consumidos a dosis altas durante años de manera continua se relacionan también con un mayor riesgo de hipertensión, enfermedades cardíacas y renales y alteraciones en el hígado.

Las terapias intraarticulares, realizadas por personal experto, no producen apenas efectos secundarios, siendo la infección algo excepcional y, lo más frecuente, una pequeña atrofia de la piel en la zona de inyección que suele revertir con el tiempo.

juanete, aparición juanete, aparición bulto en pie

Fases iniciales y casos seleccionados. Se puede frenar el curso de la enfermedad con cirugías que corrigen la orientación de la articulación con la realización de cortes en el hueso (osteotomías), o bien mediante la remodelación articular (como es el caso de las artroscopias en las que se pueden efectuar diferentes técnicas). En este campo, se están investigando diferentes opciones de reconstrucción de defectos muy localizados de cartílago con resultados variables.

Prótesis de rodilla, artrosis de rodilla

Artrosis avanzada. En los casos en los que la artrosis ha progresado durante mucho tiempo  y no mejora con otros tratamientos, la cirugía más efectiva consiste en implantar una prótesis en la articulación dañada. Se pueden implantar prótesis en múltiples articulaciones: en la cadera, la rodilla, el hombro, el codo, la muñeca o el tobillo. Con una adecuada técnica y con una correcta indicación, son previsibles unos resultados excelentes para la mayoría de casos. Las prótesis pueden ir ancladas al hueso con cemento o bien realizar su anclaje a presión con su superficie metálica. En estos casos, el hueso crece en la superficie de la prótesis y en pocas semanas se produce un anclaje firme. En algunas ocasiones, se usan tornillos, para aumentar la fijación de la superficie metálica.

La mayoría de prótesis se colocan en la cadera o en la rodilla, aunque en estos últimos años la cirugía de prótesis en otras articulaciones (tobillo, hombro, muñeca, etc.) ha avanzado notablemente.

Los componentes protésicos están compuestos por un elemento metálico (aleaciones de cobalto, cromo, titanio) que encajan en un plástico (polietileno).

Existen distintos tipos de prótesis y técnicas quirúrgicas, cuya elección por parte del cirujano ortopédico dependerá en parte de su propia experiencia y de las características del propio paciente (edad, patología asociada, actividad profesional, etc.). En estos últimos años se están probando materiales nuevos y procedimientos menos agresivos con buenos resultados.

En general, los resultados de las prótesis de rodilla y cadera suelen ser excelentes, con mejoría o desaparición del dolor y una recuperación de la movilidad del enfermo.

No obstante, pueden existir complicaciones como sufrir una infección, una luxación, etc. en un pequeño porcentaje de casos, generalmente inferior al 5%. Estas complicaciones son directamente proporcionales a la edad del paciente y a las enfermedades que padezca, de manera que el paciente más joven y sin enfermedad de base tiene un riesgo muy bajo de complicaciones.

También hay que tener en cuenta que el paciente que llega hasta la cirugía es porque no ha encontrado otra medida que pueda mejorar lo suficiente su calidad de vida, por lo que siempre hay que tener en cuenta el perfil de riesgo en función de los beneficios que se van a obtener.

Información documentada por:
Jenaro A. Fernández-Valencia LabordeTraumatólogo — Servicio de Cirugía Ortopédica y TraumatologíaAnna MartínFisioterapeuta — Servicio de RehabilitaciónAna MonegalReumatóloga — Servicio de ReumatologíaRosa MarinaEnfermera — Cirugía Ortopédica y TraumatologíaNuria SapenaEnfermera — Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología

Publicado: 20 de febrero del 2018
Actualizado: 20 de febrero del 2018

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