Tratamiento de la enfermedad de Alzheimer

Tiempo de lectura: 5 min

Actualmente la enfermedad de Alzheimer es incurable y no hay tratamientos que puedan evitar que la enfermedad avance. Sin embargo, hay intervenciones que han demostrado su efectividad para retardar la bajada cognitiva y funcional y prevenir o minimizar complicaciones asociadas a la enfermedad. En este sentido, hay que abordar la enfermedad de Alzheimer desde diferentes vertientes: tratamiento farmacológico, programas de intervención física y cognitiva y medidas de protección social para el paciente.

Tratamiento no farmacológico

Diferentes estudios muestran que los programas de intervención cognitiva, de actividad física y programas de intervención sobre actividades de la vida diaria, tienen un efecto beneficioso en pacientes con enfermedad de Alzheimer.

Ejercicio persona mayor

Hay diferentes tipos de intervenciones, pero no hay bastante evidencia para recomendar una más que otras. Estas actividades tienen un efecto positivo dependiendo de su frecuencia: unas dos sesiones semanales por programas de intervención cognitiva y unas tres horas semanales para la actividad física. También hay tener en cuenta la fase de la enfermedad, dado que no todos los programas son adecuados para todas las fases de la enfermedad.

Dieta adecuada, pirámide de la alimentación

Es recomendable mantener hábitos de vida saludables y controlar los factores de riesgo vascular. A pesar de que el beneficio directo sobre la evolución de la enfermedad, una vez establecida, no tiene evidencia científica. Por otro lado, los programas de apoyo y educación para el cuidador del paciente tienen también un efecto positivo, tanto sobre la salud del cuidador como sobre el manejo del paciente con Alzheimer.

Tratamiento farmacológico

Actualmente hay cuatro fármacos comercializados para el tratamiento específico de la enfermedad de Alzheimer. Todos ellos tienen un efecto sintomático, es decir, actúan sobre las consecuencias del proceso neurodegenerativo, como por ejemplo los problemas cognitivos y conductuales, pero no sobre sus causas. Hay dos grupos de fármacos disponibles:

Pastillas con rayas verdes y blancas

Los inhibidores de la enzima acetilcolinesterasa (IACE). Incrementan la concentración, en el cerebro, de una sustancia neurotransmisora que está reducida a la enfermedad de Alzheimer: la acetilcolina. Estos fármacos son donepezil, rivastigmina y galantamina y han demostrado eficacia, a pesar de que de forma modesta, tanto en la reducción de la pérdida de la función cognitiva, cómo en las actividades de la vida diaria y alteraciones de conducta en pacientes con enfermedad de Alzheimer leve a moderadamente grave.  El efecto de los tres es similar y la principal diferencia es la vía de administración (vía oral o vía transdérmica). Los principales efectos secundarios son problemas digestivos (náuseas, diarrea, pérdida de peso, malestar abdominal).

Pastillas azules, blancas y verdes

El otro fármaco es un antagonista de los receptores de N-metil-D-Aspartat (NMDA) que es la memantina. Este medicamento también ha demostrado eficacia en cuanto a cognición, funcionamiento global, actividades de la vida diaria y conducta en pacientes en estadio moderado y grave de la enfermedad.

pastillas redondas

Algunos enfermos de Alzheimer presentan fases que cursan con trastorno de ánimo, irritabilidad, alteración del sueño, etc., que precisan tratamiento farmacológico. Para controlar estos síntomas se utilizan fármacos habituales en trastornos psiquiátricos, aunque con dosis habitualmente más bajas, para evitar efectos secundarios.

Nuevas terapias

Actualmente hay diferentes líneas de investigación de nuevas terapias en la enfermedad de Alzheimer.

La mayor parte de los esfuerzos se dirigen en elaborar un fármaco que, a diferencia de los que están actualmente disponibles, modifique el curso de la enfermedad, es decir, que sea capaz de parar o retardar la progresión de los cambios patológicos de la enfermedad en el cerebro, y con ello, la de los síntomas, y prolongar la autonomía y la calidad de vida del paciente el máximo tiempo posible.

En este sentido, hay diferentes fármacos -actualmente en fase de experimentación- que pretenden eliminar o disminuir los cúmulos de proteínas patológicas que se depositan en el cerebro de los enfermos de Alzheimer, principalmente la proteína β-amiloide o la proteína tau, bien eliminando las proteínas ya depositadas, disminuyendo su producción, o bloqueando su agregación. Si bien estos efectos ya se han comprobado en animales de experimentación, todavía está por ver si la limpieza de proteínas en el cerebro de los humanos se traduce en una mejor evolución clínica, que es el objetivo final deseado.

Hay otras líneas de investigación que buscan fármacos que pretenden preservar las neuronas existentes y evitar su neurodegeneración, modificar actividad inflamatoria, etc. Paralelamente, se siguen investigando otros potenciales fármacos como tratamientos sintomáticos que sean más eficaces que los actualmente disponibles, o que puedan se puedan administrar como complemento para intensificar su efecto beneficioso.

Paralelamente, se siguen investigando otros potenciales fármacos como tratamientos sintomáticos que sean más eficaces que los actualmente disponibles, o que puedan se puedan administrar como complemento para intensificar su efecto beneficioso.

Complicaciones del tratamiento

En general, los tratamientos específicos para la enfermedad de Alzheimer son muy tolerados.

El grupo de inhibidores de la acetilcolinesterasa (IACE), que incluye el donepezilo, la galantamaina y la rivastigmina, tienen como efectos adversos más frecuentes problemas gastrointestinales. Al inicio pueden aparecer náuseas, vómitos, diarrea o pérdida de peso, que pueden ser transitorios o persistir en el tiempo. Habitualmente la dosis se aumenta de manera progresiva para minimizar estos síntomas. La presentación en parches transdérmicos también reduce estos efectos indeseables. Otros efectos adversos menos frecuentes son dolor de cabeza, pesadillas, rampas musculares o urgencia urinaria. Efectos poco frecuentes, pero potencialmente graves, son la retardación del latido cardíaco y el broncoespasmo, por lo cual se tienen que recetar con precaución en pacientes con arritmias cardíacas o asma grave.

En cuanto a la memantina, los efectos secundarios más frecuentes son el mareo, la cefalea, la confusión o el nerviosismo. La memantina no se recomienda en aquellos pacientes con problemas hepáticos graves o epilepsia porque puede descompensar estas enfermedades.

Los fármacos neurolépticos (quetiapina, risperidona, haloperidol) que se utilizan para controlar las alteraciones de conducta y del sueño, también pueden tener efectos secundarios, sobre todo, cuando se administran dosis altas de forma mantenida en el tiempo. El efecto secundario más frecuente es la somnolencia, seguido de rigidez, retardo de los movimientos y temblor. Por lo tanto, es importante vigilar su aparición, para reducir la dosis o, incluso, para retirarlo si fuera necesario.

Información documentada por:
Raquel Sánchez-ValleNeuróloga — Servicio de NeurologíaNeus FalgàsNeuróloga — Servicio de NeurologíaSoledad BarreiroEnfermera — Hospital de Día de Enfermedades Neurodegenerativas

Publicado: 9 de abril del 2018
Actualizado: 9 de abril del 2018

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